jueves, 18 de agosto de 2011

Cuento invernal.


Un corazón sin amor, una mente exhausta y un alma que vaga por la ciudad en busca de algo. Un cuerpo cansado de dolores estomacales causados por los nervios, una cabeza llena de dudas y recuerdos que el tiempo no ha logrado vencer, estrés por esperar tanto tiempo algo que parece que va a ser rápido pero es como si el tiempo se triplicara.

Voy caminando por una calle, una simple calle en la ciudad, parece no terminar nunca miro solo hacia adelante y parece un gran gran pasillo, pero no importa el dolor de mis piernas, de tanto caminar se hace fortalecedor, los árboles sin hojas y desnudos me dejan pensar tranquila, el frío que se instala en la punta de mi nariz me trae recuerdos, que puedo analizar porque voy sola, mis pies congelados arden en cada paso, pero me dan ganas de seguir caminando porque de alguna forma alguna vez se van a calentar, pasan caras desconocidas, personas que nunca veo, me miran y yo las miro, cruzo una mirada con alguien y a veces es increíble como un total extraño te puede cambiar el día con tan solo una mirada, una de esas que son penetrantes y te dejan con intriga. Sigo caminando, extrañando la mirada, sigo pensando y vuelvo a sentir el frío en mi nariz, todo lo demás se me olvida. Me cae un copo de nieve en la oreja y pronto mi cuerpo se empieza a cubrir de nieve, mi ropaje queda blanco, entro a un callejón y me encuentro con él, por mi mente pasan los recuerdos, los momentos vividos, mis pies ya no están fríos, algo hace que mi nariz deje de congelarse, alguien me cubre la espalda con una cobija y en ese entonces el día se vuelve cálido, sigue siendo invierno pero no logro sentir el frio, él me abraza para dormir arropados en medio de ese callejón como si nunca fuésemos a despertar de nuevo.

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