martes, 4 de febrero de 2014
ÉRAmos.
Gastado el corazón, con los labios secos y la mirada perdida, me siento al fin liberada, sin ataduras enfermas, sin hábitos ezquizofrénicos. Mis sentimientos se libraron, dejaron de estirarlos y ahora pueden vibrar de felicidad como la cuerda de una guitarra, o como el viento a través de la flauta. ASÍ! así de libre.
Me cuestionaba si la culpa sería abundante y la felicidad poca, sucedió así que elegí lo naturalmente debido, se me fue la oportunidad de poder elegir, de defender mis gustos.
Se me presentó algo totalmente diferente y hermoso, algo suave con curvas y mucho hueso. Pieza elegante de mi propio repertorio! pero no era más que una esposa del tamaño de mi cuerpo, era una celda más chica que mi dedo meñique.
Y dejando la mayor parte del razonamiento fuera, ese infierno mismo fue el que me sacó de otro tipo de oscuridad, a la fuerza pero simulando amor, enfrentando el placer. Me tenía que quedar, era como una orden del más prestigiado reino.
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