lunes, 16 de junio de 2014
El fin de Boris. La rendición de Betty.
Uno intenta plasmar sus sentimientos y emociones en algún pedazo de papel o desde algunas teclas, queriendo llegar al desahogo, tal vez. Quiero plasmar las cosas, resaltar lo que está ocurriendo.
Y... lo que está ocurriendo es una cascada desde mi ojos hasta tu estupidez, desde nosotras al dolor, de lo monótono a nuestra distancia física.
El paraíso de lo tibio, y los ojos puestos una sobre la otra está desapareciendo, hasta he llegado el punto de no verlo, de no sentirlo. El paraíso entonces ahora, es ignorado, pisoteado, rasguñado, golpeado y sangriento.
Nadie sabe todo sobre todo, lo que resulta engorroso y confuso. El problema es cuando no sabe ponerle fin a algo, cuando se tiene miedo de extrañar a alguien cuando te está desarmando desde adentro hasta afuera y no saber qué hacer, cuando se sigue, cuando se es auto-masoquista o quizás tan solo sea la vejez.
Vivir de lo que alimenta odio y amor simultáneamente es conflictivo, y lo lleva a uno a decaer y tratar de suprimir cosas... pero esas cosas, son las que no pueden pasarse de largo, las que se extralimitan y nadie hace nada para luchar por más, por algo mejor.
Compañera, amiga, hermana, amante, madre. ¡Qué difícil que se nos torna el 'ADIÓS' en todas las oportunidades! ¿No? Siempre igual. ¡¡¡Sin ningún puto pie delante del otro en tanto tiempo!!!
Quería llenarte de adoración, quería sentirme exhausta de nosotras, continuar con esta simbiosis, plegarte de ternura hasta llegar a cada rincón de tu ser.
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